Boca ganó el superclásico ampliamente, se metió en la Libertadores y complicó a River
El Xeneize selló su clasificación a la Copa 2026 y se mantiene en lo más alto de la Zona A, mientras que el Millonario se complicó de cara a la última fecha.
Era un gol. Uno. No hacía falta más. A este River con el S.O.S activado había que darle un golpe para que se dejara caer. Boca resolvió el clásico con dos mazazos al mentón del equipo de Gallardo y lo dejó nocaut para toda la cuenta y desató una fiesta que se cocinó en los tiempos tristes de casi tres años sin títulos y dos sin Libertadores, de derrotas vergonzantes ante rivales sin historia, de un desfile interminable de técnicos sin plan ni cartel, pero que en una tarde saldó muchas de esas viejas deudas. «Muñeeeeco, Muñeeeco», gritó burlona la gente al paso del derrotado entrenador rumbo al túnel. De eso se trató esta victoria, que excedió el triunfo estándar sobre el clásico rival. Esto tiene que ver con haber torpedeado el ciclo que el hincha de Boca más sufrió. No es revancha, es venganza pura, lisa y llana. Un plato que esta vez se sirvió caliente y sabroso.
Boca no goleó porque no quiso, no tanto porque desperdiciara situaciones de gol (que las tuvo), sino porque no jugó a específicamente a eso. Pudo haberlo hecho por la inusual diferencia en la fortaleza mental entre un equipo granítico y sólido y otro que se desangra y pierde contra sí mismo, pero el equipo de este sorprendente Úbeda fue a lo seguro. La locura de la gente, la euforia colectiva, le terminaron dando la razón a un tipo que agarró al equipo en uno de los años más oscuros de su historia, por lo deportivo y por la muerte de Miguel, y que lo supo ir sacando de las tinieblas a la luz. Que lo devolvió a la Libertadores y que, quizá lo más importante, dejó al rival de toda la vida tendido en la lona, corriendo sin destino bajo los «oooleee» que bajaban de las tribunas. Parece fácil pero no lo fue.
